sábado, 30 de julio de 2016

FIESTA DEL CABALLO 2016

FIESTA DEL CABALLO 2016

24 comentarios:

  1. LA FIESTA DEL CABALLO

    Van con los caballos sin corcoveos,
    ligeras las riendas, firmes los pasos,
    flamantes centauros sobre pegasos
    al prado célibe de los deseos.

    Nocturnos Banderuelos de Romeos
    con sus Julietas bajo cielos rasos,
    de unas noches angélicas con vasos
    que liban amantes en gineceos.

    La magia caballar el campo inunda,
    se afianza la fiesta toma una impronta
    en consolidación que por momentos

    su arraigo y extensión valor redunda,
    en prístina ocasión en que se afronta
    la unidad política en Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  2. CABALLOS BAJO LA ENCINA

    Caballos bajo la encina,
    la yerba bajo sus patas,
    en otros tiempos reatas
    hubo aquí de raza equina.
    Ya el caballo no germina
    ni reviven los momentos
    del rebuzno de jumentos,
    ni el balido de la oveja
    nos hace aguzar la oreja
    en campos de Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  3. IBAN MULAS MULERAS

    Iban mulas muleras
    de poderosas ancas,
    cargadas de maderas
    hasta las mismas trancas.

    El barro les llegaba
    hasta los corvejones,
    cuando la uva llenaba
    esparto de serones.

    Cargaban sobre el lomo
    jinete y vertedera,
    y en la viña del pomo
    romano de mancera.

    En época de saca
    los haces de los trigos,
    y montones de alpaca
    y las paseras de higos.

    Después tirar de trilla
    aparvando la parva,
    del trillador la silla
    y a mieses las aparva.

    Acarrear el grano
    y cargar con la paja,
    cuando el sol del verano
    con el sudor la alhaja.

    Su estiércol aprovecho
    para abonar los campos
    que ilumina el barbecho
    a la luz de los lampos.

    Mulas riadas de mulas
    a hogar dieron sustentos
    de frente o a reculas
    de agros de Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  4. SI HOMENAJE SE RINDIERA

    Si homenaje se rindiera
    a bestias de arada y carga,
    una estatua ancha y larga
    la mula se mereciera.
    La viña lo agradeciera
    y el barbecho en sus cimientos,
    y los buenos sentimientos
    de los coruchos de antaño,
    del pastoreo y rebaño
    de campos de Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  5. A MI BORRICO APAREJO

    A mi borrico aparejo,
    poniéndole los lomillos
    la enjalma en los solomillos
    y cualquier otro trebejo.

    El ataharre y la cincha
    encajado su ramal,
    y no siendo un carcamal
    alegremente relincha.

    Nos partimos volanderos
    a por la pasera de higos,
    como dos buenos amigos
    amantes de los luceros.

    La pasera en un majano
    destila azúcar y miel
    sobre el majano doncel,
    que nos coge muy cercano.

    Al borriquillo lo trabo
    durante pocos minutos
    que transcurren resolutos,
    hasta que en breve destrabo.

    Con higos lleno el serón
    y regreso con la carga,
    y a los higos los aguarda
    lleno de harina un cajón.

    Desaparejo al borrico
    y alegremente rebuzna,
    y se agita y se espeluzna
    con el agua en el hocico.

    Y en la cuadra ya descansa
    con la paja y la cebada,
    lleva vida regalada
    y ya dormido se amansa.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  6. YEGUA, PAISAJE Y POTRILLO

    Yegua, paisaje y potrillo,
    de los árboles la sombra,
    la yerba, pasto y alfombra
    y la Peña en su castillo.
    Descorrido está el visillo
    mostrando imagen serena,
    de laxitud calma plena
    inundando de momentos
    mágicos en Cenicientos
    donde no cabe la pena.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  7. A LA FERIA DE SOTILLO

    A la feria de Sotillo,
    de Sotillo de la Adrada,
    jinete y mula albardada
    hacen alto en un cerrillo.

    La mula que coces daba
    al sentir los aparejos
    y del arado trebejos,
    por los belfos resollaba.

    De sudor un mar de espuma
    le corría por las ancas,
    como el agua de barrancas
    que por Sotillo rezuma.

    El camino hizo al galope
    yendo desde Cenicientos,
    cual Eolo, dios de vientos
    vertiginosos a tope.

    Descabalgando el jinete,
    entre susurros la calma,
    quita lomillos y enjalma
    y ella dócil se somete.

    La seca lomos e ijares,
    tripa y remos de las patas,
    orillado entre unas matas
    de olorosos tomillares.

    Después la conduce al paso
    y en la feria la introduce,
    y su caminar seduce
    por su tranco y acompaso.

    Se interesan compradores
    y la miran y examinan,
    y palpándola conminan
    a que muestre sus errores.

    Extraños no hace la mula,
    más mansedumbre no cabe
    en falso animal que sabe
    que en la feria se simula.

    Y en la feria de Sotillo,
    de Sotillo de la Adrada,
    de feriantes muy colmada
    se vendió este animalillo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  8. LA BURRITA FEDERICA

    La burrita Federica
    pasta por una pradera,
    cuajada por la aljonjera
    que su peso multiplica.
    Pero su comida rica
    como llovida del cielo,
    es ponerla como anzuelo
    para mantenerla atenta
    y rebuznando contenta
    el dulce de un caramelo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  9. DOS CORUCHILLOS MONTADOS

    Dos coruchillos montados
    a lomos de un burro entero,
    es decir, sin capadero,
    se vieron descabalgados.
    Los efluvios emanados
    por una burrilla en celo
    originó tal revuelo
    que con el príapo tieso
    el asno tiró exprofeso
    los coruchillos al suelo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  10. ANTIGUOS DICHOS DE LOS CORUCHOS

    Siendo yo niño decían
    en Cenicientos los viejos:
    "No miraos en espejos
    de azogues que oscurecían".
    Lerdos aquí deslucían
    la Buvera y sus roquedos,
    enredados en enredos
    sin saber cinchar la cincha,
    eran burro que relincha
    y la cinchaban a pedos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  11. SANTIAGO LIZANA
    A Fernando Ayuso

    Cuando se tiran los dados
    caprichosos de la historia,
    a unos aguarda la gloria
    y a otros dados trucados.

    Un hombre sencillo y parco,
    trabajador y ordenado,
    se vio de pronto abocado
    a salirse de ese marco.

    En la España turbulenta
    previa a la guerra incivil,
    él era un hombre civil
    al que arrastró la tormenta.

    Quizá sin tener ideas
    políticas concebidas,
    ni pensadas ni nacidas,
    y por tanto nunca aireas.

    Y a su pesar se vio inmerso
    entre el barro de trincheras
    de las sangrientas goteras
    de épica gesta sin verso.

    Y una vez movilizado
    en defensa de Madrid,
    Babieca y Tizona el Cid
    les dejó encomendado.

    Y en los terribles combates
    que frenó a los sublevados,
    a su lado atrincherados
    aplacaron los embates.

    Y la lira del poeta
    del Alberti gaditano,
    voló desde el altiplano
    al páramo en la meseta.

    Y Madrid fue desde entonces
    la capital de la gloria,
    y entró de lleno en la Historia
    Y su heroicidad en bronces.

    Junto a héroes anónimos
    allí se hallaba Santiago,
    entre la sangre del lago
    que tuvo tantos topónimos.

    Se batió en Guadalajara
    en días de lluvia y bruma
    contra italianos de espuma
    que al Duce empañó la cara.

    Y después lo consabido:
    vino la amarga derrota,
    y en los cementerios flota
    de la pólvora el sonido.

    Cárceles y represiones,
    sin pan, sin lumbre y con hambre,
    y exiliados con raigambre
    parias en otras naciones.

    Y los que dentro quedaron
    como Santiago Lizana,
    sin un hoy y sin un mañana
    ataron y amordazaron.

    Y en posguerra interminable
    la suerte de los vencidos
    compartió con oprimidos
    en espera inacabable.

    Más inopinadamente
    un resquicio de esperanza
    asentado en su balanza
    le hizo vivir nuevamente.

    Pues trabajando entre flores,
    convertido en jardinero,
    se vio de nuevo campero
    siendo sus años mejores.

    Y vuelto al pueblo natal
    al diáfano Cenicientos,
    sus allegados contentos
    le acunaron maternal.

    Y en su casa del Cerrillo
    muy feliz se halló Santiago,
    sin que en él hiciera estrago
    bilis ni rostro amarillo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  12. LA NORIA DEL TÍO JOAQUÍN

    En el Juncar una noria
    los cangilones subía,
    y su agua se vertía
    en reguera con historia.
    Y aposenta mi memoria
    voz del tío Joaquín,
    del que me sentía afín
    porque historias me contaba,
    y paciente me enseñaba
    a amigar con un mastín.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  13. EL POZO PERAL Y SU FUENTE

    A LUIS AYUSO, pues sin su foto
    este soneto nunca se habría escrito.

    Recreaos pues ya es figura ausente
    al contemplar esta fotografía
    que antañona formó la orografía
    de los llamados Prados de la Fuente.

    Os recuerdo a coruchos del presente
    de Cenicientos su geografía,
    que en estos lares era el día a día
    de la trilla dentada con su diente.

    Miríadas aquí eran las hacinas
    e innúmeras las filas de botijos
    que calmaban la sed de la caterva,

    de vencejos y alegres golondrinas
    y en galopines eran escondrijos
    cuando el cénit del sol la parva enerva.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  14. LA ANTIGUA FERIA DEL GANADO EN CENICIENTOS

    Un gentío abigarrado,
    mulas, vacas y borricos,
    hombres grandes, niños chicos,
    y un calor anticipado.

    Gran concurrencia en los prados,
    gentes venidas de fuera
    vigilando la Ladera
    a multitud de feriados.

    Copresidiendo las Peñas,
    los acuerdos y los tratos
    y los ropajes baratos
    con antiguas estameñas.

    Los chalanes con blusones
    y gitanos con patillas
    y gitanas amarillas
    pronostican bendiciones.

    Con puestos chamarileros
    y olor de moñigo y bosta
    y una voz que adrede imposta
    uno que vende sombreros.

    Con las alforjas mendigos,
    husmeando que se pierde,
    entre lo reseco verde
    eran de todo testigos.

    Los charlatanes vendiendo
    hojas de afeitar y peines,
    y calcetines de empeines
    a un ritmo loco ofreciendo.

    Y al comediar la mañana
    comenzaba el regateo,
    "¡este borrico es muy feo!"
    comentaba una gitana.

    Aparece el patriarca,
    los dedos en el chaleco,
    patilludo y negro, enteco,
    rodeado de su jarca.

    Y atusándose el bigote
    con el nudo del bastón
    le pega un buen coscorrón
    y la gitana huye al trote.

    Con borricos matalones
    las mulas de gran alzada
    con la gente harto animada
    y abundancia de mirones.

    Saber palpar a las mulas
    entre las patas las mamas,
    infértiles cual las gramas
    donde a los surcos ondulas.

    Y mirarles la bocaza
    observando bien los dientes,
    estudiando sus mordientes
    y los años que atenaza.

    En borricos mataduras
    y estudiarles el pelaje
    y ver bien el andamiaje
    igual en las comisuras.

    Y las rumiadoras vacas
    se encontraban más lejanas,
    con sus cencerros campanas,
    badajo de unas estacas.

    Después los tratos cerraban
    con apretones de manos,
    preludios de los veranos
    vacaciones que empezaban.

    Se intercambiaban cigarros
    y sendas botas de vino,
    y emprendían el camino
    a pie, o en mulas o en carros.

    Y los muchachos coruchos
    con ojos maravillados
    veíamos asombrados
    fajos de dinero muchos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  15. EL ESPÍRITU DEL FARY EN CENICIENTOS

    Del Fary dicen que dicen
    que su espíritu le habló
    a una mujer que contó
    que a ella no la desdicen.
    "A mí no me contradicen",
    proclamó a los cuatro vientos;
    "una vez lo digo y cientos:
    que en copa de encina altiva,
    bien corucha y bien nativa,
    al Fary vi en Cenicientos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  16. EL GAZPACHO DE LOS POBRES
    A mis padres

    En las ardorosas tardes de siega
    y en las no menos de agobio de trilla,
    surcaba el cielo la franja amarilla
    y el cansancio se batía en repliega.

    La manta extendida el mantel despliega,
    y el suelo era nuestro asiento de silla,
    y en la tarreña está la maravilla
    cuya visión nos inunda y anega.

    La pueblerina cuchara en madera,
    en la tarreña el humilde gazpacho,
    la paz sublimando la parva en la era,

    y uncidos triscan la mula y el macho
    y un lienzo que enmarcó y fue la frontera
    de infancia pobre y feliz de un muchacho.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  17. VUELA EL TAMO DE LA PARVA

    Vuela el tamo de la parva;
    la tarde cayendo está
    y el sol se aleja y se va
    barbeándose la barba.
    La mula impaciente escarba,
    y desprovista de arreos
    comienza a dar cabeceos,
    y a la cuadra se encamina
    al pesebre que culmina
    el ansía de sus deseos.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  18. CANCIÓN

    Por los retamares
    de la abrupta sierra
    monta un coruchillo
    en su borriquillo
    con esta canción:
    viejos encinares,
    alcores reales,
    fragorosas jaras,
    vientos invernales
    de acendrado helor.
    Y en la primavera
    cendales de seda,
    vigor e ilusión
    y la vida entera
    que plena me queda
    por estos parajes
    de aves y conejos
    con lazos y cepos
    me la busco yo.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  19. CANTAR DE TRILLA

    Mi mulilla torda
    el trillar lo borda,
    ondula la parva,
    resopla y escarba.
    Atenta a mi voz
    jamás da una coz,
    es dócil y mansa
    y nunca se cansa.
    Feliz mi mulilla
    le gusta la trilla,
    el olor del trigo
    y el trillar conmigo.
    Y en el acarreo
    nunca da un rodeo,
    sabe que la paja
    brillará en su caja
    para su alimento
    y su anual contento
    en el largo invierno,
    que resulta eterno.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  20. CANCIONCILLA CORUCHA

    Borriquillo coruchero
    va con su carga de leña,
    y mientras camina sueña
    un pesebre cebadero.

    Colmado de agua el barreño´
    cama de paja mullida
    y borriquita nacida
    para completar su sueño.

    Y cumplida la coyunda
    va a nacer un borriquito,
    corucho, alegre y bonito,
    pues aquí guapura abunda.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  21. LA TÍA RAIMUNDA

    Por la plazuela pasaba
    y el borrico la precede,
    y en el pescuezo colgaba
    una esquila que sonaba
    en la cuadra a la que accede.

    Siempre triste y enlutada
    y silenciosa se mueve
    cuando va en la madrugada
    con atavíos de helada
    y el frío no se conmueve.

    Por los pueblos del contorno
    vendía su pacotilla,
    y en su cansado retorno
    era siempre en el entorno
    ver al marido en la silla.

    Paralítico impedido
    de ejercer ningún trabajo,
    estaba siempre invadido
    de un furor incontenido
    que practicaba a destajo.

    Y ella le montó un negocio
    para poder mantenerse,
    y sin saber que era ocio
    años de pobreza y bocio
    él comenzó a rehacerse.

    Pipas, chicles, caramelos,
    vendía el hombre a la puerta
    y vivía unos desvelos
    y entre muchachos consuelos
    siempre con la puerta abierta.

    Para acceder a la casa
    había previo un corral
    y un perrito que acompasa,
    y la vida se la pasa
    a la sombra de un parral.

    De muchachos gran trasiego
    con perras en el bolsillo
    llevar a veces sosiego
    y las más desasosiego
    si nos daba el tabardillo.

    Y mientras tanto Raimunda
    va por caminos de Dios
    con su tristeza profunda
    y en lo triste la secunda
    su borrico que va en pos.

    ¡Almas que venís al mundo
    marcadas por un estigma
    donde un misterio profundo
    os marca un paso infecundo
    como prueba del enigma!

    Y aquella mujer tan buena
    bajó en silencio a la tumba
    sin hijos en la cadena,
    y su recuerdo me apena
    y en olvido no sucumba.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho


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  22. EL GAZPACHO DE LOS POBRES
    A mis padres

    En las ardorosas tardes de siega
    y en las no menos de agobio de trilla,
    surcaba el sol la franja amarilla
    y el cansancio se batía en repliega.

    La manta extendida el mantel despliega,
    y el suelo era nuestro asiento de silla,
    y en la tarreña está la maravilla
    cuya visión nos inunda y anega.

    La pueblerina cuchara en madera,
    en la tarreña el humilde gazpacho,
    la paz sublimando la parva en la era,

    y uncidos triscan la mula y el macho
    y un lienzo que enmarcó la frontera
    de infancia pobre y feliz de un muchacho.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho





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  23. EL HERRADOR YA DESAPARECIDO DE CENICIENTOS

    En la mano el pujavante
    para cortar la pezuña,
    y a la legra va y la empuña
    para alisar por delante.
    El herrador ya distante
    ató a la cabalgadura,
    y de clavar se asegura
    en el casco de la mula,
    zapato con que circula
    y da el nombre de herradura.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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  24. EL HERRADOR YA DESAPARECIDO DE CENICIENTOS

    En la mano el pujavante
    para cortar la pezuña,
    y a la legra va y la empuña
    para alisar por delante.
    El herrador ya distante
    ató a la cabalgadura,
    y de clavar se asegura
    en el casco de la mula,
    zapato con que circula
    y da el nombre de herradura.

    Saturnino Caraballo Díaz
    El Poeta Corucho

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